El periodista Emiliano Cotelo entrevista al Ec. Ernesto Talvi (Director del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social, CERES) explicando "algunos pilares" que según él, requieren una atención
prioritaria del sistema político. Según Talvi, nuestro país debe encarar siete reformas básicas que apunten a: asegurar la estabilidad macroeconómica, profundizar la inserción internacional, reducir los impuestos que gravan “excesivamente” la actividad productiva y el empleo, mejorar la calidad de los servicios públicos, flexibilizar las relaciones laborales, mejorar “significativamente” la calidad del sistema educativo y combatir la marginalidad.
En un momento de la entrevista, al abordar la temática educativa, Talvi refiere lo siguiente:
ET - El segundo pilar del programa es la reforma educativa, de la que no hablamos,
apuntando a los contextos socioculturales desfavorables, para que los chicos y
los adolescentes de los contextos desfavorables que vayan al colegio efectivamente aprendan.
EC - Ahí apunta al modelo finlandés.
ET - Al modelo finlandés, cuya variante aplicada a los contextos socioculturales desfavorables
se ha aplicado en el Harlem y se ha testeado en cuanto a sus resultados en un trabajo académico
de dos profesores de Harvard publicado en abril de 2009, que muestra que efectivamente produce
resultados fantásticos en relativamente poco tiempo. Porque hasta ahora el debate era: ¿es posible ayudar a los chicos de contextos tan desfavorables, que vienen con un bagaje tan grande del hogar
que hace que sea muy poco lo que puede hacer el establecimiento educativo, o lo que se puede adaptar
del modelo de gestión del establecimiento educativo para atender esta problemática de manera
de generar muy buenos resultados?
Este estudio demuestra que esto se puede lograr cambiando el modelo de gestión.
No alcanza con que los establecimientos sean de tiempo de completo, eso es una parte del modelo de gestión;
tiene que haber mucha libertad para diseñar un currículo apropiado para chicos que vienen de estos trasfondos muy complejos;
los chicos tienen que recibir, aparte de la educación habitual, educación en temas de salud, de nutrición;
tiene que haber un compromiso de darles clases extras los fines de semana a los que van quedando atrás;
tiene que haber una activa comunicación con los padres –porque estos hogares son muchas veces complicados,
son hogares monoparentales en los que el padre o la madre están ausentes por muchas horas – para que se comprometan con la educación de sus hijos, etcétera. Es un modelo de gestión que involucra
no solamente al chico sino también a la familia, y que ha producido resultados excepcionales.
De hecho, en Uruguay hay experiencias semejantes a estas. Lamentablemente no está cuantificado,
pero tuvimos la oportunidad de visitar el Liceo Jubilar en el barrio Borro, que funciona más o menos
con estas características, y lo más impactante es ver, en medio de esa precariedad, el entusiasmo
de los chicos, la forma como trabajan y como estudian, a impulsos de un director –Gonzalo– que
es uno de estos héroes urbanos, gracias a la generosidad de familias y empresas que permiten
que gente que no tiene recursos asista a un liceo privado gratuito.
Los resultados son excepcionales.
Esa es la propuesta, necesitamos escuelas y liceos autogestionados, de manera que tengan la
libertad de adaptar un modelo que permita generar resultados muy rápidos y muy efectivos en
estos contextos muy complicados.
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